Esquel

07 - Intentando Olvidar (sigue)

Abner Chamson
paciente de Ataxia de Friedreich
47 años (2017)


Jamás volví a mencionar esto a nadie, ni siquiera a Pablo, y siempre traté de erradicar de mi mente esa tristeza...

Aunque no siempre lo logro y a veces no puedo evitar pensar en ello y sentirme tremendamente triste...

Pero, ¿qué certeza tenía de que esto había sucedido realmente? Entonces, mejor dejarlo atrás...

Tratando de mantener mi mente ocupada con otra cosa, me dispuse a preparar mi almuerzo, y, después de comer y lavar los utensilios en el río, fui a la playa a dormitar un rato bajo el agradable sol...

Tuve un sueño muy profundo y reparador, y ya estaba entrada la noche cuando me desperté, la luna estaba alta en el cielo repleto de estrellas, suavemente extendiendo su brazo de plata sobre el espejo ondulado...

Estrellas arriba, estrellas abajo, estrellas por todos lados...

Encendí una fogata en la playa, y cené bajo las estrellas. Me recosté entonces en el piso, contemplando el cielo, intentando recordar los nombres de las estrellas que veía... No había nadie aparte de mí, y la tranquilidad era completa.

Acaso habría otra vez fiesta esa noche, sin embargo, preferí quedarme allí disfrutando de esa tranquilidad... Gradualmente, me iba quedando dormido, y cuando desperté, ya casi estaba amaneciendo... Había vuelto a quedarme dormido en la playa, sobre las piedras; sin embargo, esta vez, no sentí dolor en la espalda... Acaso sería que ya me estaba acostumbrando...

El día prometía ser estupendo, ni una nube en el cielo, ni una brisita alteraba la pulida superficie del lago, y el alegre trinar de los pájaros a mi alrededor.

Lentamente, el sol iba evaporando el rocío que cubría todo, y éste ascendía formando finas nubes casi transparentes... Era esa hora de la mañana en que, no sé realmente por qué, el frío parece mucho más intenso que durante la noche, y no podía dejar de moverme o se apoderaría de mi cuerpo.

Fui hasta el campamento, encendí algo de fuego que me mantuviera abrigado del frío, y tomé algo de café con algunos bizcochos de avena. Me dispuse entonces a confeccionar la lista de cosas para comprar.

Eran realmente pocas cosas, y no muy imprescindibles, así que no sería necesario ir hasta el pueblo... Sin embargo, tenía ganas de ir, así que fui... El almacén estaba todavía cerrado, y recién abriría a las diez y media. Tenía más de una hora y media de espera, así que aproveché para visitar el pueblito.

No era muy grande, una calle principal (bueno, a decir verdad, la única) de unas tres o cuatro cuadras de largo, así que pasé varias veces por cada lugar...

Las calles estaban desiertas, no se veía un alma, y, aunque al principio esto me pareció algo extraño, pensándolo dos veces, me di cuenta de que esto era lo más natural: nadie querría salir hasta que el sol no hubiera entibiado un poco el suelo.

A las diez y media, ahí estaba parado en la puerta del almacén... aún cerrada...

Eran más de las once cuando apareció el almacenero, ciertamente muy sorprendido de encontrarse con un cliente esperando “tan temprano”.

Compré lo que había venido a buscar, y me volví al campamento. A medida que iba pasando al lado de las otras carpas me encontraba con más de uno que recién se estaba levantando y se preparaba el desayuno...

Antes de almorzar, decidí ir a caminar un poco, aunque no encontré nada interesante y cuando me volví a la carpa ya eran más de las dos de la tarde.

Después de haber almorzado, agarré un libro y me fui a la playa a leer.

No era el único al que se le ocurrió ir a aprovechar los tibios rayos del sol: una hermosa jovencita llegó, se sacó todas las ropas hasta que sólo se quedó con una diminuta malla, y, a escasos metros, se tendió en el suelo a tomar sol...

A cada rato, mis ojos se apartaban del libro que estaba leyendo, y me sorprendía mirándola...

De a poco, esto se fue repitiendo cada vez más a menudo hasta ser incesante...

Ya se me hacía bastante dificultoso mantener la mirada lejos de ella por más de un minuto y concentrarme en la lectura (más que difícil, imposible )...

Entonces, para cuando lograba terminar un párrafo, ya me había olvidado de cómo empezaba, así que no me quedaba otra más que empezar de nuevo...

Así, leí dos o tres veces la primer página, pero aún no tenía idea de qué se trataba...

A medida que el tiempo pasaba, ya me había olvidado del libro y no lograba apartar mis ojos de ella...

Finalmente, cuando el sol comenzó a ocultarse tras las montañas, se vistió y se fue, dejándome solo nuevamente con mi lectura, pero en cuánto leí las primeras líneas, tuve la impresión que eso ya lo había leído alguna vez...

Abner